El arte contemporáneo posee muchas producciones artísticas difíciles de clasificar, alegre desconcierto, ya que permite no una ligera interpretación sino un viaje a una experiencia para rumiar y tratar de aproximarnos a lo que pudiera ser ese objeto, tejido de muchas disciplinas, una de estas producciones es la obra del creador y músico guatemalteco Joaquín Orellanau (1937), específicamente con su “Útiles sonoros” ( a partir de 1971), derivados de la marimba guatemalteca. Obra que media entre una realidad musical y escultórica.

El hierro, el acero, la madera, el bambú, el aluminio, piedras, entre otros materiales. Todas estas materias se unifican en un gran instrumento informe, espacial. Y a través de una acción percutiva se le arrancará extraordinarias tonalidades y micro tonalidades. Todos estos “útiles” están expuestos como para ser accionados de una manera ritual, el ejecutor está inmerso en esa atmósfera que pudiera recordar a las “Máquinas espectáculo” del escultor francés Jean Tinguely (1925-1991), impulsadas por electricidad cuyos movimientos producen sonidos de engranajes y fricciones metálicas, o más sutilmente a la primera obra cinética la varilla con electricidad (1919) del artista ruso, Naum Gabo (1890-1977), cuyo movimiento generaba una incipiente sonoridad, o más sutilmente con los penetrables del artista venezolano Jesús Soto (1921- 2005), con la diferencia que en este último, los sonidos son también una experiencia aptica, piel con piel, el cuerpo percute las tiras de gomas que producen esa callada fricción del material.

Pero J. Orellana podría sumergir al espectador, en caso de que sus obras lo permitan, a un concierto de improvisaciones con los distintos timbres de los materiales. Al observar el documento de su presentaciones surge la pregunta sobre lo qué es, ¿Una acción sonora? ¿Una instalación sonora. o ¿esculturas sonora? Desde esa distancia lo percibimos como un cúmulo de relaciones a través de elementos y materialidades de distintas disciplinas, incluyendo la sonora. Es una experiencia abierta donde el sonido construye narraciones de un taller de escultura o del taller de un lutier, pero también evoca un imaginario ancestral.